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por Ivana Millán

Fue unos de los meses más perfectos que tuve acá en Lima desde que llegué hace un año. Algunos amigos queridos me visitaron, mi esposo empezó su curso de portugués, el Mono Verde entró en funcionamiento, me compré un par de ropas chéveres, asistí a una boda, estuve con gente feliz todo el tiempo. Pero no todo son flores. Como todo estaba yendo de maravilla, pensé realmente que era una onda de gran amplitud y buenas energías que por fin me alcanzaba casi que completamente. Hasta que el jueves 23 escucho la voz de mi conciencia gritar histéricamente.
Un mixto de emoción y tristeza. Es inaugurada la XIV Feria del Libro de Lima, en el Museo de La Nación, aquí, cerquita de mi casa.
Un día antes los periódicos salen a noticiar: "Quino llega a Lima", Quino, Quino, no hay otro. Quino, a pocos kilómetros de mi casa. Estaba decidida a ir a tomarme una foto con él y exhibirla por siempre en todos los medios posibles, hasta que leo cosa más grave: "Brasil es el país invitado de honor de la feria". ¡No lo puedo creer! ¡Es todo lo que faltaba! Presencia de Nélida Piñón, homenajes y lecturas de Guimarães Rosa y Machado, espectáculos artísticos de capoeira y pagode. Wow. Qué emoción. Y qué tragedia. Qué decepción descubrir que tengo una conciencia activa las 24 horas del día.
Cancelaron todos los eventos de la ciudad, hasta los más tradicionales como las marchas por el Día de la Patria. Cancelaron shows, conciertos y cualquier otra aglomeración de buenas personas interesadas en arte de calidad. Es la gripe A, la del chanchito matón, la que ahora, dicen, ya anda suelta en el aire.
Quino es argentino y yo una cobardona concientista. No lo tocaría en estos momentos aunque él me prometiera hacer un avatar mío y agregarlo al grupito de Mafalda con el nombre de Ivanita. Y cómo quisiera verlo, escuchar lo que dice, oír una sola vez en la vida su voz en vivo, como lo hice con Ziraldo, cierta vez, casi cara a cara.

Después de un par de opiniones de la mami y del esposo, me convencí de que todos somos potenciales chanchitos. Decidí hacerme un té y quedarme en la casa, aprovechando la onda literaria para terminar aquellos capítulos faltantes de Huidobro, hacer unos apuntes y olvidar la feria feliz que el gobierno se olvidó de cancelar.
(¿Será que alguien contrajo la gripe A en la Feria durante esos días? Necesito saber para justificar mi pena.)
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